no hablo de insistir como un pesado que te quita hasta el último grano de oxígeno, sino de insistir como alguien que se da cuenta de que le resultas imprescindible.
aunque no lo creas, tus curvas crean adicción nada más recorrerlas con los ojos.
a veces me dices que pare por hoy, que has tenido suficiente, pero en realidad no te has aburrido. sólo quieres ver si se me prende la neurona indicada, para poder comprender cuánto te gusta jugar.
esto de insistir yo lo sabía cuando niño, cuando en recreo jugábamos a las cogidas. era lo más simple, y también lo más entretenido. tu pelo arañando el aire, tu sonrisa intentando alejarse, el timbre deteniéndonos en el momento de alargar la mano...
ahora, ya mayor, me he olvidado por completo de jugar contigo. las penas de casa me encogieron el corazón y me empañaron el espejo. el vicio de la comparación me hizo pensar en que no te iba a alcanzar de todos modos. justo ahora, cuando ya no hay ningún timbre conspirador...
te coloqué en un pedestal, y así no vale. todas las monedas de oro juntas no pueden igualar tu brillo. te ves como una diosa, lo sé, pero adorarte debidamente involucra tenerte a mi alcance. hacer de ti imagen y altar a la vez. la adoración que mereces involucra todo el tacto y todo el fuego.
sé que me perdonarás por ser tan ciego,
pues sabes de lo que soy capaz.
no es mi culpa, es mi nombre,
que tiene la inicial disfrazada.
si en mis manos una guitarra cobra vida,
imagina lo que haré contigo.

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