creí que podía mirar solamente.
este error lo he pagado en carne viva:
llevo la garganta llena de espinas,
una por cada noche que no te atropellé.
la nariz agujereada como zapato viejo,
pues se me fundió rastreando tu perfume.
de mi piel, mejor ni hablar;
se ha declarado en huelga
hasta cobrar de tus mordidas.
y todo por quedarme con las ganas.
ganas de
tomar el control de tus pupilas
y darte de beber de mi boca.
ganas de
de hundir tu ombligo entre mis pulgares
y de mojarte la nuca con susurros.
ganas de
picarte debajo de la última costilla
y hacerte víctima de mi crimen perfecto.
en fin,
ganas de ser un atrevido de fama mundial,
para hacértelo, y así no tener que narrártelo.
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