hoy, sólo quiero hablar de tus piernas.
talvez tu rostro será plagiado
de un fresco de salón de palacio veneciano,
tu cuerpo tallado en tierno alabastro importado,
tu sonrisa capaz de iluminar las frías noches de ciudad,
tu mirada especialista en derribarme el mundo,
tus senos, imposibles de ignorar,
pero tus piernas son dignas de competición:
un par de joyas gastronómicas para comerlas sin cubiertos,
dos tallos erguidos guardando el tesoro al sur de tu ombligo.
de buena gana confiscaría yo todos tus pantalones;
los celos que me provocan son su sentencia de muerte,
y la sólo la libertad de una falda te hace justicia.
me gustan tanto tus piernas,
que preferiría escribir estas líneas sobre ellas,
usando únicamente la punta de mi lengua.
No hay comentarios:
Publicar un comentario